Es en cierto modo errónea la posición que tenemos a la hora de enfrentar al mundo como arquitectos “llenos” de conocimiento y dispuestos a desenvolvernos como diseñadores de acuerdo a lo que nos han transmitido otras mentes. Pero en realidad a la hora de la práctica es el lugar el que impone sus reglas, el que nos habla a la hora de diseñar y es el momento en el cual comenzamos a hacer parte del entorno mismo sea rural o urbano, en Europa o en Latinoamérica, porque en primera instancia cada lugar tiene su identidad propia.
Y nos habla tanto del pasado como del presente, que usaremos para construir un futuro (Ojalá el más indicado para este universo en miniatura). La aplicación de la Arquitectura en Latinoamérica no es más que modificar este universo de acuerdo a una serie de investigaciones propias que ejecutamos en nuestra vida diaria como parte de una sociedad, una cultura latinoamericana. ¿Es el ideal de la Arquitectura una aplicación de los conocimientos adquiridos o es en realidad un equilibrio entre estas variables que moldearon a un pueblo y no de su maximización? Tal vez la segunda posición es más acertada porque este extenso territorio posee una identidad propia que es más bien un conjunto de hechos que se fueron presentando en el recorrido natural de la historia, y que el mismo se ha visto afectado por los hechos que consideramos los más relevantes, además, forjando una realidad que estamos encargados de adoptar e integrar a nuestro pensamiento para formarla a favor del proyecto arquitectónico.
Pero el conocimiento de la realidad no es función exclusiva del pensar, sino también del sentir. Sentir que nuestro paisaje es siempre cambiante por mutar con gran facilidad, sentir que nuestra gente, aunque se ve moldeada por acontecimientos tristes y desesperanzadores de un conflicto del que todos hacemos parte, es capaz de transmitir su cultura en las obras a las que la sociedad tiene acceso, o diciéndolo de una forma más natural, plasma sus sentimientos en sus viviendas, barrios, calles, ciudades. Y aunque nunca dejamos de sentir, el siguiente paso es la comprensión de los dos anteriores, porque un sentimiento sin racionalidad es incomprensible.


