Cuando pensamos en América Latina, a grandes rasgos podemos pensar en lo que pueden ser varias etapas por las que nuestro continente ha pasado: las culturas que habitaban estos territorios antes del “descubrimiento” de América, luego en 1492, la época Colonial, las Independencias, el Republicano, el Modernismo, la Contemporaneidad latina. Pero realmente nos han recalcado en nuestras vidas más sobre Egipto o Grecia que en nuestra propia identidad, y es allí en donde radica el problema del común que es valorar lo externo, lo Europeo o lo Oriental. Esto se refleja en la arquitectura local tratando de acoplarse a formas ajenas con problemas y soluciones ajenas.

Pero vamos por partes. Nombraré un primer punto que es la base de nuestra cultura, la época precolombina en donde la arquitectura era autóctona. Nuestra. Porque se adaptaba perfectamente a la función, al entorno, al indígena. No podemos olvidarnos de los legados que nos dejaron tantos pueblos como los Mayas, los Incas, los Tayronas y es así como comenzamos a retomar estos conceptos pero ya para la contemporaneidad.

Con el descubrimiento del Nuevo Mundo, las fundaciones españolas se constituyen en un fenómeno importante dentro de la historia de las ciudades. La ocupación urbana está condicionada desde sus inicios a factores de diversa índole: se está ante un modelo urbano que responde a la manera estratégica de poblar de la Corona. Lo vemos todos los días en las plazas, los templos, las calles con sus retículas ortogonales, los patios interiores y todo lo que implicaba este cambio, porque se quería hacer del famoso Nuevo Mundo uno igual al Antiguo.

Fuera o no, en la mayoría de los casos, a la fuerza.

Aquí nombro mi segundo punto, cuando se convierte la nueva arquitectura latinoamericana en un reflejo de España, la cual es completamente ajena a las condiciones reales de tan variados lugares, sin contemplar el terreno, la tradición cultural u otras soluciones específicas, en los diferentes períodos y comarcas colonizadas.

Sin embargo, el sol no puede taparse con un solo dedo, y esta colonización se realiza pero con ciertos cambios en las tecnologías que ya habíamos desarrollado y que en vez de desaparecer se adaptaron a las nuevas formas.

Todos los modelos europeos que resultaban ser el último grito de la moda se trataron de aplicar a las ciudades latinoamericanas, tal como una “adolescente” observa a su ídolo y después quiere vestirse, peinarse y comportarse como lo que pudo copiar. Sin embargo se hace con sus recursos y con lo que está a su alcance.

Pero es precisamente esto lo que hace muy interesante a Latinoamérica, esta mezcla de culturas, de “modas”, de tecnologías, es así como se convierte la ciudad latina en una galería de arte de la cual podemos aprender, tanto de sus errores como de sus logros tecnológicos y arquitectónicos.

Y es este mi tercer punto en donde ya pasadas las épocas coloniales, republicanas, modernas hacemos un alto en el camino, descubrimos que la nueva arquitectura está moldeada por todos estos hechos que hacen único a un lugar. Aprendimos que, al igual que Japón por ejemplo, no se olvidó de sus tradiciones, nosotros tampoco y retomamos las antiguas tecnologías, para modificarlas y volverlas contemporáneas en un nuevo siglo, aplicándolas a nuevos retos y, en consecuencia, a nuevas soluciones actuales.

Para poder determinar la práctica de la arquitectura en América Latina debemos estudiar a fondo todas estas culturas y hechos importantes que ocurrieron en tiempos pasados, pero observándolo desde el presente con ojo crítico.

Hay otro punto que encuentro fundamental, y es que no debemos olvidar lo que América Latina está pasando por estos momentos y que definitivamente está marcando el estilo de vida, el hombre latino y que por ende la arquitectura, que obviamente vive para y por el ser humano.

La realidad actual es otro ingrediente que se debe estudiar muy a fondo ya que los tiempos han cambiado, y refiriéndome explícitamente a nuestro país, estamos pasando por una tormenta, a la cual debemos enfrentarnos y aquí es realmente importante el papel del arquitecto latinoamericano en el siglo XXI, el cual debe acoplarse a los cambios, ya que si no lo hace vivirá en un mundo de ilusión en un país desarrollado, al que poco le importa la situación de los países en vía de desarrollo como Colombia.

La arquitectura no es un arte en si mismo, ni pertenece a unas manos que nunca han trabajado, sino que es el pueblo. Son aquellas obras empíricas que también debemos estudiar para saber las necesidades de la gente. Son aquellas costumbres, tradiciones, fiestas y juegos que aún el pueblo latino no olvida.

Una de las grandes diferencias entre cualquier europeo (por ejemplo) y los latinos es la calidez que se encuentra reflejada en nuestras casas, en nuestras calles, y es esto lo que hace arquitectura.

Tenemos un gran recorrido histórico, nada que envidiarle a las grandes civilizaciones, tenemos una gran riqueza cultural y esto es lo que moldea la arquitectura latinoamericana.

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Colectivo enfocado a analizar la ciudad por medio de tecnologías emergentes de código abierto.

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